Podrida realidad la del ser humano, tener que acostumbrarse a vivir
con la desgracia. Con la desgracia del aburrimiento, con la desgracia del
acostumbramiento…
No! me reúso, no quiero! Quiero vivir en el renovado amor, en la
Fuente de la Vida que hace todas las cosas nuevas cada mañana. Pero ¿Qué si tú
si te acostumbras? ¿Qué si tú te has resignado a vivir así?, a vivir en la
incertidumbre, a vivir en la desgracia de que decaeremos en la rutina o en su
defecto, en el vaivén sin sentido de la vida. ¿Podré yo seducirte a la fe? Creo
que moveré las manos de Dios para que su amor crezca en ti.
Tal parece que ese es el camino a seguir: resignarse, ¿O mas bien
esperar en la salvación de Dios? Tal vez si ¿no?, tal vez Dios nos esté
enseñando a vivir en otro plano, en un plano en el que las debilidades no se tomen
en cuenta, en donde las pasemos por alto, en olvidarnos de la desgraciada
condición del hombre y entremos a vivir en el glorioso reino de Su Hijo en
donde solo reina el amor y todas sus aristas. Oh! que lindo sería poder ver
esta realidad, sentir el aroma de las flores imperecederas, tener la certeza de
que el amor no acabará, de que el dolor pasa por debajo de nuestro vuelo.
No quiero acostumbrarme a vivir sin ti y que algún día ya no me
hagas falta. Dentro del orden de la resignación, prefiero aburrirme de verte,
porque sé que en cualquier momento puedo renovar mi pasión y verte doblemente
guerrero, doblemente guapo, doblemente sabio, doblemente humilde, doblemente
amoroso, doblemente cariñoso, doblemente caballero, doblemente consagrado,
doblemente luchador y doblemente vencedor. Con un amor renovado, con una pasión
espiritual que nos haga nuevamente uno. Y seremos una sola carne… sentencia Divina!
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