julio 31, 2013

"...Y serán una sola carne..."


Podrida realidad la del ser humano, tener que acostumbrarse a vivir con la desgracia. Con la desgracia del aburrimiento, con la desgracia del acostumbramiento…
No! me reúso, no quiero! Quiero vivir en el renovado amor, en la Fuente de la Vida que hace todas las cosas nuevas cada mañana. Pero ¿Qué si tú si te acostumbras? ¿Qué si tú te has resignado a vivir así?, a vivir en la incertidumbre, a vivir en la desgracia de que decaeremos en la rutina o en su defecto, en el vaivén sin sentido de la vida. ¿Podré yo seducirte a la fe? Creo que moveré las manos de Dios para que su amor crezca en ti.
Tal parece que ese es el camino a seguir: resignarse, ¿O mas bien esperar en la salvación de Dios? Tal vez si ¿no?, tal vez Dios nos esté enseñando a vivir en otro plano, en un plano en el que las debilidades no se tomen en cuenta, en donde las pasemos por alto, en olvidarnos de la desgraciada condición del hombre y entremos a vivir en el glorioso reino de Su Hijo en donde solo reina el amor y todas sus aristas. Oh! que lindo sería poder ver esta realidad, sentir el aroma de las flores imperecederas, tener la certeza de que el amor no acabará, de que el dolor pasa por debajo de nuestro vuelo.

No quiero acostumbrarme a vivir sin ti y que algún día ya no me hagas falta. Dentro del orden de la resignación, prefiero aburrirme de verte, porque sé que en cualquier momento puedo renovar mi pasión y verte doblemente guerrero, doblemente guapo, doblemente sabio, doblemente humilde, doblemente amoroso, doblemente cariñoso, doblemente caballero, doblemente consagrado, doblemente luchador y doblemente vencedor. Con un amor renovado, con una pasión espiritual que nos haga nuevamente uno. Y seremos una sola carne… sentencia Divina!

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